Llamamos a las empresas que quieres como clientes, hablamos con quien decide y agendamos. Tú abres el calendario el lunes y las reuniones están puestas.
Proyecto grande. Dejas de buscar clientes. Proyecto termina. Agenda vacía. Urgencia. Descuentos. Proyectos por debajo de tu valor. Vuelta a empezar. Y volverá a pasar el trimestre que viene, porque el negocio está montado de manera que pase.
Tu nombre cierra contratos. Tu presencia da confianza. Y exactamente por eso, cuando estás ejecutando, nadie vende en tu lugar. Si no estás tú, el negocio no genera demanda nueva.
La persona a la que quieres llegar recibe cuarenta correos comerciales al día, todos escritos por una máquina y todos iguales. Ya no abre ninguno. Las herramientas que abarataron el envío encarecieron la atención.
El correo frío ha dejado de funcionar porque llega antes de que exista una conversación. Todo el mundo ejecuta el mismo orden: escribe primero y llama solo a quien responde. Como ahora nadie responde, porque todo suena igual y todos usan las mismas secuencias, la llamada no ocurre nunca.
Nosotros invertimos el orden. Primero se llama. El correo sale después, escrito sobre lo que esa persona dijo por teléfono hace veinte minutos. Deja de ser una interrupción y pasa a ser la continuación de algo que ya empezó.
Construimos el sistema que hace que tu negocio genere reuniones sin que tú estés encima. Un equipo llama por ti todos los días y el mensaje se va afinando con lo que va aprendiendo por el camino.
Una SDR senior llama todos los días a las cuentas de tu lista, pasa el filtro y llega a la persona que tiene presupuesto, necesidad y autoridad para decir que sí. Cien cuentas trabajadas cada mes.
Después de cada llamada sale el correo, escrito por un especialista en venta escrita sobre lo que esa persona acaba de decir. Nada de plantillas ni de secuencias masivas.
Cuando abres tu calendario el lunes, las reuniones están ahí. Con gente que ya sabe quién eres y por qué te necesita. Sin que hayas tocado el teléfono ni gestionado a nadie.
Una campaña normal se monta una vez y se ejecuta igual durante seis meses, así que va perdiendo fuelle. Aquí pasa lo contrario. Cada semana de llamadas deja mucha información encima de la mesa: qué frase hace que te cuelguen, qué pregunta abre la conversación, qué objeción sale una y otra vez en tu sector. Con eso reescribimos los guiones y los correos de la semana siguiente, y volvemos a llamar. Por eso pedimos seis meses: es lo que tarda el mensaje en quedar afinado de verdad.
Manda mil correos al mes por muy poco dinero. Y compite con los otros treinta y nueve que llegan ese mismo día escritos exactamente igual. Barato de enviar, imposible de leer.
No tiene tu bagaje técnico. Los clientes no le toman en serio. Acabas supervisando cada conversación, corrigiendo cada propuesta y más agotado que antes de contratarle. Seis meses después se va, y estás en el punto de partida con menos dinero.
La misma plantilla que usan para una empresa de software la adaptan para tu despacho cambiando dos palabras. El potencial cliente lo nota. No sabe por qué, pero lo nota, y no responde.
Likes, comentarios, algún «qué interesante». Pero los directores financieros y gerentes con presupuesto asignado no están mirando tu perfil. Están buscando proveedor ahora mismo, y no te van a encontrar publicando dos veces por semana.
Funciona. Hasta que deja de funcionar. Cuando necesitas clientes, el boca a boca no se acelera por arte de magia. Y lo que no puedes acelerar justo cuando lo necesitas, difícilmente es un sistema.
Pon tus números y mira lo que ocurre en tu negocio durante los meses que pasas ejecutando proyectos. El resultado suele incomodar.
Así sale la cuenta, paso a paso
Cien cuentas trabajadas al mes en las tres. Lo que cambia es cuánto construimos nosotros y cuánto pones tú.
Los 3.000 € de puesta en marcha cubren el trabajo del primer mes, cuando todavía no hemos llamado a nadie: decidir contigo a qué empresas vamos y a qué cargo, construir la lista con el teléfono directo de quien decide, completarla con los datos que falten y escribir los guiones de llamada y los correos que salen después. Son tres o cuatro semanas de trabajo. Si ya usas un CRM y prefieres que trabajemos dentro de él en lugar del nuestro, son 750 € más.
No trabajamos con empresas que todavía no han vendido. La prospección amplifica: si hay algo que se vende, lo multiplica; si no lo hay, solo acelera la quema de la base y de tu reputación. Si tu modelo aún no está demostrado, te lo decimos en la primera llamada y no seguimos.
Rechazar encargos que no encajan es la razón por la que podemos enseñar los números que enseñamos.
Si en los primeros noventa días no hemos llegado a los objetivos que fijamos juntos en la calibración, sales del contrato sin penalización y dejas de pagar los meses restantes. Habrás pagado tres meses, que es lo que cuesta poner el sistema en la calle y ver si funciona en tu mercado.
Los objetivos se escriben durante la calibración, antes de la primera llamada, y quedan anexados al contrato con nombre y número. No hay margen para interpretarlos después.
Las condiciones, por delante. La garantía decae si no recibimos la calibración en la primera semana, si los guiones tardan más de cinco días hábiles en aprobarse, o si faltas a más del 20% de las reuniones agendadas. La mitad del camino depende de ti y preferimos decirlo ahora que discutirlo en el mes tres. La ejecución pura no lleva garantía, porque la lista la aportas tú y el resultado depende de ella.
Por eso empezamos con la calibración antes de llamar a nadie: definimos juntos a qué empresas vamos y a qué cargo, con criterios escritos. Y no aceptamos clientes cuyo modelo no esté demostrado, porque ahí ninguna campaña funciona. Si algo no encaja, se corrige en la revisión mensual con lo que hemos aprendido llamando.
Una SDR senior de nuestro equipo, en español y desde España, supervisada por un director de cuentas y dedicada a tu proyecto. La misma persona que habla por teléfono es la que firma el correo que sale después, y eso es justamente lo que hace que ese correo se abra.
El correo frío que llega antes de una conversación, sí. Nosotros no lo usamos así: llamamos primero y el correo sale después de haber hablado, escrito sobre lo que esa persona dijo. Solo si el teléfono no llega al decisor recurrimos a una secuencia escrita, y lo decimos cuando pasa.
Porque el sistema mejora con lo que se aprende llamando, y necesita tres vueltas al ciclo para afinar el mensaje. El mes seis rinde más que el mes uno. Aun así, a los noventa días tienes la salida si no hemos llegado a lo acordado.
Desde 1.500 € al mes en la modalidad de ejecución pura, en la que aportas tú la lista. Con la lista construida por nosotros, 3.000 € de puesta en marcha más 1.500 € o 3.000 € al mes durante seis meses, según lleve acompañamiento estratégico o no. Los precios están en esta misma página, sin letra pequeña.
A los noventa días, si no hemos llegado a los objetivos fijados en la calibración, sales sin penalización y dejas de pagar los meses restantes. Lo que no te vamos a prometer es facturación desde el primer mes ni que tu mercado diga que sí: el ciclo de venta B2B real ronda los tres meses.
Entre tres y cuatro semanas después de la firma. Ese tiempo es la calibración, la construcción y el enriquecimiento de la lista, los guiones y los correos. Antes de eso no se marca ningún número, porque llamar sin preparar es la manera más rápida de quemar una base.
Antes de hablar, una pregunta rápida para no hacerte perder el tiempo.
¿Cuál es la facturación anual aproximada de tu empresa?
Treinta minutos, sin discurso de ventas. Miramos si tu modelo está demostrado, si tenemos plaza y qué montaríamos. Si no encaja, te lo decimos en esa misma llamada.
Trabajamos con empresas que facturan a partir de 300.000 € al año y que ya tienen su modelo demostrado. Por debajo de esa cifra, la prospección en frío suele quemar la base sin devolver nada, y preferimos decírtelo ahora.
Cuando llegues a ese nivel, escríbenos a rafa@vectorefe.com y lo miramos. Si crees que hay un encaje que no estamos viendo, cuéntanoslo también.
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